¡La cena está lista!


Me gusta soñar que en ese viejo tronco cubierto de musgo húmedo y verde viven extraños y simpáticos seres diminutos. Me gusta pensar que los agujeros de ese tronco son las ventanas por donde cada tarde, poco antes del anochecer, se asoma mamá para avisar de que la cena está lista. Imagino la mesa, una pequeña seta alrededor de la cual se sientan estos pequeños seres, a cenar bellotas y tréboles, a beber aguamiel y a charlar sobre los acontecimientos del día. Fantaseo sobre la vida de estos seres en lo más profundo del bosque silencioso, acechados por comadrejas y gavilanes, amigos de corzos y pájaros carpinteros, vecinos de Basajaun y de las más bellas lamias del arroyo cercano. Y así, divagando, voy pasando el tiempo despacio, sentado sobre el tocón de una vieja haya, escuchando los mil y un sonidos del bosque en donde vivo. Oigo aves a mi alrededor, y revuelo de hojarasca, y al viento sosegado entre las ramas todavía desnudas. Siento la brisa suave en mi cara y en mis manos, y acaricio delicadamente el musgo, y el áspero tronco mutilado. Cierro los ojos, intentando concentrarme en las sensaciones que el bosque me provoca: paz interior y sosiego, comprensión de la realidad y evocación onírica de sueños y las leyendas, completitud emocional, pero sobre todo amor. Amor al encontrarme dentro de un organismo vivo y palpitante, formando parte de él, siendo una más entre sus células, tan distintas a mi y tan iguales. Y describo despacio en mi cerebro sonidos y olores, tactos y colores. Y así “pierdo” el tiempo para ganarlo, paso la tarde manteniéndola atada en mi memoria, saboreando cada segundo de cada minuto, mientras el bosque se va acallando y el atardecer va muriendo apaciblemente entre los brazos maternales de los inmensos árboles que me rodean. Y espero, en silencio absoluto, engatusado por las formas vivas del tronco, seducido por la sutileza del musgo, aguardando a que mamá salga a la ventana para avisarnos de que, finalmente, la cena está lista

Foto: Xisco Diaz Alarcón (tomada en Bertiz)

Texto: Juan Goñi

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