Valdorba - Baldorba.


En medio de la Valdorba, en medio de ninguna parte, en lo alto de una pequeña loma, la Iglesia de San Andrés de Bezquiz espera callada su propia ruina, como quien espera lo inevitable, durante siglos de callados amaneceres en estas soledades silenciosas. No hay campanas, ni oraciones susurradas ni alegres coros de niños, no hay tiempo en esta tierra en la que el tiempo se convirtió en piedra. La Valdorba, mi Valdorba, golpeada por la despoblación, tesoro olvidado y escondido en medio de Navarra, en su propio corazón. Como se esconden las más valiosas joyas, a la vista de todo el mundo, allí, encontrarás la Navarra más desconocida. Perlada de joyas románicas, asediada por horribles parques eólicos, anclada en un tiempo que no existe, surcan sus cielos valdorbeses las aves que nunca la olvidaron. Pueblos que se resisten a morir, iglesias abatidas que se resisten a caer, se reinventa cada día esta tierra de magia y pasado, esta isla de biodiversidad, este museo de paisajes. La Valdorba serrana de Leoz o de Olleta, la Valdorba somontana del Carrascal, toda quieta, toda eterna, aferrada cada encina, cada roble, cada ermita ruinosa y deshabitada, a un instante que no le pertenece. Revuelo de rebaños que van y que vienen, monte mediterráneo sitiado de futuro, rompe el tañido de las campanas imaginadas mi ensoñación al mirarte esplendorosa y altanera, como quien mira a su propia Historia. Veterana, rancia, añeja y anticuada, primorosa Valdorba de primaveras rojas y verdes de amapolas y trigales, de carrascas y currucas, de románicas escenas y abandonados horizontes. Contigo, Valdorba mía, me pierdo en el tiempo y me dejo arrullar por tus recuerdos arrinconados.






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